
¿Qué haces asomado en mis versos lija con sabor a chancleta? Si andabas buscando entretenimiento o un pasapalo para la ansiedad, la verdad sales mejor comprándote un algodón de azúcar de algún pop star retirado decorado con bad boobie u otra trampa para ratones. Y si estás enmileniado y necesitas algo más instantáneo, cuentas con un abanico de opciones de acción rápida inyectables, que van directo al ano hinchado desesperado por el gran falo lubricado de percutor automático. Sólo corres el riesgo de sucumbir ante la desesperadicción comunal anal, riesgo que muchos toman por contar con la ventaja de pertenecer a la comunidad de destetados prematuros. Siempre es bueno sentirse parte de algo y mientras más grande mejor la sombra que te cobija. Ya nadie le tiene paciencia a un solo ni a un intro ni a una palabra completa y mucho menos sufijada. Que vivan el jajaj, el emoji y el síndrome del cuello partido.
Mi libro sólo puede quemar tu garganta y ni siquiera te sirve de enjuague bucal, lo cual, en una sociedad utilitaria que solo se dedica a pulir plomo, no tiene sentido alguno. Si este libro no tiene prólogo es porque al único que se atrevió a leerlo le dio por sacarse los ojos. Me dijo que le había arruinado la belleza para siempre y que ya no valía la pena ver. Aún guardo el par en un viejo frasco de mayonesa con formol y todavía me miran con reproche sancochado.
Y es que para yo vender un libro tendría que llamarse algo así como El reflejo de cerrar los ojos al besar. Si agarraste este libro es porque te gustó la portada y si te gustó la portada es porque no la escogí yo. La portada que yo tenía en mente era color transparente certeza, cosa imposible no disponible y tuve que conformarme con lo diametralmente opuesto generado por un robot que no me entiende.
Esto no es poesía ni cosa parecida así que no se asusten los jefes de la Poeciencia. Ya una vez caí preso en la red de poesía intercaptiva y mis captores tuvieron que amarrarme la lengua para que no escribiera poesía. Me defendí hablando en Almejo, idioma no poemable, y ahí fue que me liberaron, no porque la defensa fuera buena, sino porque ya nadie me quería limpiar la baba. Recurrí a hacer palabares psicotrónicos, que se vendían muy bien en el mercado negro. Descubrí la métrica mágica del palabar con lo que pude empezar a hacer poesía clandestina, por lo que decidí dedicarme a algo más productivo, ya que me cansé de ver llorar a los psicotronados. Pero no me arrepiento. Eso me llevó a escribir este libro que ahora lames como chupeta y que no, ya te dije que no te va a quitar la ansiedad.
Casi se me olvida presentarme y ahora que me acordé ya me dio pereza y no lo voy a hacer. Soy como me imagines y la verdad ni siquiera importa. Que hoy en día lo importante no es el mensaje sino la paloma, pero esta paloma solo acostumbra a dejar mensajes llenos de pupú y desaparecer. Y que me dejen en visto todos los habitantes del parque. Cohabitaré, feliz, con servilletas llenas de grasa y boronas de pastelito debajo de la banca en ese rinconcito de ángulo agudo imposible de barrer.
Pero mi editor, me pidió que por dios me describiese al menos en unas diez palabras o menos, para poder por lo menos ponerlo en twitter o en el perfil de instagram. Está bien, voy a darle unas cuantas opciones: soy el retiro espiritual de la esquizofrenia. ¿Cuántas palabras tiene eso? Una dos tres siete. Te quedan tres. Soy violador de retretes vírgenes con o sin tapa. Okey. Ahora te pasaste. Soy la reencarnación del puto odio medieval. Escoge una que, ¿total? mañana toca refrescar y nadie se acuerda.
Pero insistes. Está bien. Voy a llenar tu aburrido formulario. Nombre: Fede E. Ratas. Esto es en serio. ¿No se permiten seudónimos? Sí. Pero sólo seudónimos serios. ¡Pensé que el propósito de los seudónimos era utilizar un nombre menos serio que el de uno! Pues no. ¿Y cuál es, entonces, el propósito de los seudónimos? Pues, ¿qué sé yo? ¿Jugar a ser otra persona? Bueno, eso ya lo hago escribiendo… ¡Ya sé! Luisa Vuitton. Creí que querías reivindicar tu tierra. Y, ¿qué mejor forma de reivindicar la tierra que fingiendo extravagancias extranjeras? Bueno, quizás algo más remezclado, algo como, Diogodo Dior. Pero, ¿esa no es la rata que se sacó los ojos y tiene un culto? Ah, verdad. Entonces, Sam Tripton. Eso está muy gringo. Pues no hay nada más gringo en este hemisferio que Maracaibo. Hay más Williams en Maracaibo que en todo el estado de Texas, y si cuentas todas sus variaciones de escritura, hay más Williams que en todos los Estados Unidos. Esto lo hago por ti, Wilkelman. Okey. Oficio: Crío matas. Esto es en serio. Oficio: Crío armas de destrucción pasiva. ¿Tiene más de un oficio? Si marca sí, llene abajo. Oficio #2: Escribo prólogos para libros que no existen. Tiene que ser algo serio. Pero, ¡esto es muy serio! Tiene que ser algo lucrativo. Okey. Vendo agua de lluvia. La filtras, ¿supongo? No, viene con toda la suciedad que arrastró a su paso más el sucio del balde donde la recojo. ¿Y es lucrativo, eso? Solo cuando la vendo acompañada de muñequitos de arepa. Muy bien.
¿Talentos? No entiendo la pregunta. A ver, si fueras a uno de estos shows, como America’s Got Talent, ¿qué te pondrías a hacer en la tarima? Me bajaría las pantaletas. Y el que no quite la mirada gana. Pero, ¡no se trata de un juego de concursos! ¿No? No. Y en cualquier caso, bajarse las pantaletas no es un talento. ¿Ah no? Entonces no tengo. ¡Tienes que tener algún talento! ¿Eso lo exigen los jefes de la hipnosincracia? Claramente. ¿Podemos poner nuevamente a los muñequitos de arepa? Está bien.
¿En qué consiste el juego? (okey esto es ahora una entrevista porque obviamente no me se conducir yo solo. Pido disculpas. Desde que me gané mi mosquito imaginario no me he podido volver a concentrar). ¿Cuál juego? El libro se llama Juego para gatos. ¿Es realmente un juego? ¡Claro! Un juego de concursos, como America’s Got Talent. Pero te acabo de decir que ese no es un juego de concursos. Claramente no soy buen oyente, pero es solo porque me aturde la voz que ya tengo en mi cabeza. Pido disculpas nuevamente. El juego consiste, en efecto, en destruir la belleza. Entonces tu amigo, el que se sacó los ojos, ¿ganó? Pues, no precisamente. Verás, destruir no es el objetivo en sí, sino el método. Se destruye la belleza para ver qué hay detrás y a partir de allí, poderla reconstruir, o más bien, construir otra belleza, una nueva y más real.
Pero esto no lo sabía tu amigo. No. Supongo que no le dejé instrucciones.
¿Y cómo es exactamente que se destruye la belleza? Pues, ofrezco unas cuantas herramientas. Están todas en mi laboratorio de Experimentos Cuánticos.
¿Vas a ofrecernos instrucciones, para no sufrir el destino de tu amigo? Mi amigo no sufre. Pero sí puedo dar, primero unas cuantas reglas, y luego unos tips. (Ya cálmate, Ludocrecia)
Primero, hay que leer lento. ¿Y eso por qué? Pues, siempre pasa que prendes violentamente tu emulador de nube y se te daña el switche. Pues, por eso. Así evitamos eso de andar tomando pastillas.
Suena peligroso. ¡Claro que lo es! No se lo recomiendo a nadie. Te pasas el límite de velocidad por andar distraperdido y todo se borra.
¿Y cuál es el límite? Pues, unos cinco palabares por minuto. ¡Vaya! ¡Eso es muy lento! Un momento, ¿qué son palabares? Es el conjunto de palabras que puedes tener en la cabeza al mismo tiempo sin que se caigan, obvio. Me sigue pareciendo lento. Pues, hay que digerirlas antes de seguir consumiendo, si no se trancan en el juego.
Suena complicado. ¿El juego se puede ganar? Mira, he visto Gender Reveals más complicados que este juego. Digamos, que si eres gato, sí se puede. ¿Y cómo así? Pues, no se puede ganar en una sola vida. Quiere decir, que si uno muere, ¿va a tener que regresar para terminar el juego? Para terminarlo no, sino para continuar. ¿Dices que el juego no acaba? Jajajaja, ¡claro que acaba!
Okey. Segunda regla. No se puede hablar durante el juego. Pero, ¡dices que dura varias vidas! Bueno, sí puedes hablar, pero no parlotear. ¿Cuál es la diferencia entre hablar y parlotear? Eso se explica en el juego.
¿La tercera? Si quieres sobrevivir, no mires a los ojos a las serpientes. Ellas solo vienen a confundirte y en media hipnosis, cuando te das cuenta, ya tienes medio cuerpo dentro de la grasa. ¿Lo mejor que puedes hacer? Justo al notar su presencia, lanzarle una piedra.
La cuarta: si lo que quieres es ganar, mira a los ojos a las serpientes. Cómprales lo que venden y consúmelo. Es solo hipnodio, que debes digerir varias veces para poder darte cuenta de que al fin y al cabo no era más que hipnada. Cuando comas hipnodio y no te pegue en el estómago, ya estás más cerca. Si no haces esto, no podrás nunca ganar, ni subir de nivel.
Igual se puede jugar modo sobreviviente (para lo cual hay que saltar el primer capítulo), o incluso jugar sin saber que estás jugando. Pero la modalidad Desafiador me gusta más.
Umm ok. ¿Quinta regla? No, no hay más. Pero… Te dije que no era tan complicado. Luego están los engranajes… ¿Los engranajes? Sí. Verás, lo difícil es que no te trague la mardita grasa mientras coges un poquito para poder echarle a los engranajes y mantener andando la cosa. ¿La mardita grasa? Sí, en el juego el suelo está hecho de grasa. A ver, son básicamente memorias primas, que te pueden tragar si te atreves a pisar con demasiada firmeza. ¿Qué pasa si te traga la grasa? Pues, nada grave, quedas entre estado cogedes y gaseoso. En una especie de limbo pero gracias al entrelazamiento cuántico, no te vas del todo. El entrelazamiento te mantiene atado a la materia como un globo. ¿Se puede vivir tranquilo en este estado? Pues, igual que como vive un globo en el aire. Tan tranquilo como se lo permita el viento.
Entonces, en este juego, ¿no puedes quedarte parado? No. Puedes caminar un poco, pero debes hacerlo rápido, como un trote suave y también puedes bailar, supongo. ¿Supones? Sí, yo no sé bailar. No me lo permite la columna vertemal. Eso está muy jodido… Sabes, ya me harté de hablar contigo, prefiero hablar con Ludocrecia. Ella lleva puesta la franela de mi equipo. ¿De cual equipo? Los Piensapuentes. Me avisas cuando esté lista la edición. No se te olviden las comas para que los participantes puedan hacer pipí.
Querida Ludi, mi única fan/garrapata, ya que has llegado hasta aquí debes haber descubierto que esto es, en efecto, un laberinto. Pero si estás aquí es porque ya estabas perdida y no, yo no vengo a rescatarte. Lo siento pero en un laberinto construido sobre grasa, tienes que ingeniártelas para no quedar enterrado vivo, y eso es una experiencia individual. Lo bueno es que no tienes que enterrar tus bolitas de pupú… ¿Y para qué somos de un equipo, entonces? Oh, eso es solo para vender camisetas. Y no, Ludocrecia, no vale arrecostarse a un cují, tampoco. Sí, adivinaste bien, agarrarse de las paredes es la respuesta. ¡Pero las paredes están hechas de materia digital! Eso es correcto. Lamentablemente no puedo decirte cómo hacerlo. Para eso son los experimentos. Pero debes agarrarte de ellas y con una sola mano, ya que la otra debes tenerla siempre disponible para defenderte de las serpientes, que siempre están a la vuelta de la esquina. ¿De cuál esquina? De todas. Todas las esquinas son visibles desde el centro del laberinto, así que puedes mirarlas todas a la vez. Pero, ¿cómo es eso posible? Sí, te lo estás imaginando bien. Este laberinto es una esfera. Pero la portada… Olvida la portada. Es obvio que los robots no saben hacer un retrato hablado. ¡Dios! Pero, ¿cómo me defiendo de las serpientes? Para eso dejé las piedras de granizo salado que lloró Meridusa el otro día en casa de Onirio. Están adheridas a las paredes. ¿Y cómo despegan? Es fácil porque es materia digital.
Que, ¿qué puede hacer por ti un laberinto esférico? Lo mismo que puede hacer un espejo roto. Mostrarte lo mismo una y otra vez y al mismo tiempo. No. Cerrar los ojos no vale. El laberinto sigue allí. ¿Sabes por qué están aquí las serpientes? No me digas. ¿Estamos en el jardín del edén? ¡Ja! Esto es todo menos un jardín, aunque a veces hay abejas, y son muy grandes.
Prosigamos. No debes esforzarte mucho al lanzar las piedras, ya que puede salirte mucha grasa en la frente del esfuerzo, grasa que luego va a parar al suelo y ya sabes que hay que mantener esta al mínimo y solo para los engranajes. ¿Quieres decir que la misma grasa que puede tragarme, la he fabricado yo? Evidentemente. Y tu grasa y la mía son diferentes, es por eso que no puedo salvarte si te empieza a tragar. Como fabricantes de serpientes, solo sus creadores pueden matarlas. ¿Fabricantes? ¿Quieres decir que uno mismo crea la serpiente que luego ha de matar? Sí, ya lo sé que es tentador encariñarse con su obra, pero sí, debes crearla y debes matarla. ¿Debo crearla? Pues si no la creas, ¡no hay juego!
No me digas que… ¿la grasa es también una serpiente? Esta vez sí te digo, y… la más grande de todas. Tanto que es dificilísimo ubicarle los ojos.
Dios, pero si somos fábricas de serpientes, ay porfa, ¡dime que no!… ¿que no qué? No seremos, nosotros mismos, ¿serpientes? Es una posibilidad, pero no necesariamente. El que sea serpiente lo descubrirá en el juego. Y, ¿qué debe hacer? Mejor no te digo. Pero… ¡Hay cosas que no puedo decirte! Igual creo que ya te he indicado lo suficientemente el camino como para que ya vayas solita. Más no puedo hacer por ti, Ludi. Con todo lo que te he dicho, y aún quieres jugar… Te deseo suerte.